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Frase de la semana

Cómo Gabrielle Bonheur se transformó en Coco Chanel

Written by Ruth González on. Posted in películas que enseñen, personas que inspiren

Ayer ví la película “Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel” y me sorprendió conocer los inicios de uno de los mayores iconos de la moda.

El nombre real de Coco, era Gabrielle. Tras la muerte de su madre cuando contaba con unos seis años, fue abandonada por su padre en un hospicio francés. Entre monjas aprendió a coser y debido a su habilidad con la aguja, consiguió un empleo como costurera. Compaginaba este oficio diurno, con el del cabaret, que le ayudaba a sufragar gastos y a soñar con un mundo mejor. Dicen que fue ahí de donde le viene su apodo. Ya que una de las canciones que cantaba podía haber sido “Qui Qu’ a Vu CoCo” (¿coco-chanel_BANNERAlguien ha visto a Coco?), sobrenombre de mascota.

Este ambiente le puso en contacto con gente relevante y adinerada y se postula que  su primera tienda de sombreros “Modas Chanel” fue abierta gracias al apoyo económico de uno de sus amantes.
Sea como fuere, y sin entrar a analizar la cuestión moral de su ascenso, es sorprendente como rompió moldes. Prácticamente autodidacta, cambió por completo el estilo de vestir. En aquella época las mujeres iban encorsetadas, apretadas y con mucho frufrú y cancan. Los adornos eran excesivos y recargados: plumas, flores y collares. Coco, instauró desde la sobriedad un modelo de libertad de movimientos. Inspirada en la ropa masculina, captó la esencia de los hombres de su época: mayordomos, marineros, mozos de cuadra, etc, para ajustarla a un modelo de mujer del siglo XX.
Cada vez que escucho las biografías de mujeres y hombres que han llegado al éxito no puedo dejar de pensar en cómo se han hecho hueco. Sobre todo en una época en la que las comunicaciones no eran tan rápidas como ahora. Aunque eso quizá fuera una ventaja. Ahora con tanta diversidad es más difícil. Pero lo que está claro es que cuando alguien parte de cero, sólo le queda subir. Y no cuenta con el miedo a romper la ficticia estabilidad que tenemos los que nos vemos acomodados. Hay que hacer una reflexión interna y ver qué es lo que nos impide cambiar y hacer eso que siempre hemos soñado. Cuando nos vemos cómodos en el sofá, con nuestra televisión o la videoconsola, da más pereza decidirnos a romper con lo que no nos gusta.
Y el éxito llegará cuando decidamos ir en su busca.

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